por
Constantinopla
@ 2007-10-15 - 19:14:41
Recuerdo que mi último post era el de una plañidera del siglo XXI, terminaba de perder mi empleo.
Para los que se encuentren en estos momentos o en un futuro se encuentren en una situación similar, voy a permitirme prestarles el siguiente consejo:
¡¡¡¡¡PROHIBIDO!!!!! preguntarse ¿Que más me puede pasar?
Yo sé que es fácil caer en la tentación de hacerlo, pero por lo que ustedes quieran, por favor, no lo hagan. No sé si se trata de algún conjuro para que las parcas, o quizás una meiga despistada (que haberlas hailas), desate su ira sobre usted, se desencadena así un cúmulo de sucesos desatinados, que le haran mirar atrás pareciéndle la situación inicial una completa abicoca.
Tras mi despido, decidí seguir adelante con las vacaciones que entes de saber la fatal noticia de mi pérdida de trabajo había planificado y pagado. Al fin y al cabo llevaba 17 meses sin vacaciones, y que me quedara sin empleo, no significaba que no estuviera cansada y necesitase tomar resuello.
Así, me dispuse a pasar una maravillosa semana en la ciudad de la luz, trataría con la contemplación de su belleza, restablecer mi maltrecho ánimo.
París, como es constumbre, me recibio con una portentosa tromba de agua. Y digo como es costumbre, por que a mi me deberian pasear por el mundo en pariguelas como al santo, por que a donde voy llueve.
Recapitulemos:
Mi primer viaje a París, mi primera compra fué un chubasquero mes de julio de 2001.
Roma, julio de 2002, tremenda tromba de agua nada más llegar.
Tunez, julio de 2003, increible pero cierto, me las prometia yo felices, pero la maldición de las capitales de estado volvió a hacer de las suyas, nada más entrar el autocar en la capital, comenzo a llover, ante las miradas atonitas del resto de pasajeros y del propio guia natural del pais.
Lisboa, noviembre de 2004, toda una jornada visitando todos los recintos cerrados que tenia programados para todo el viaje, ya que literalmente no se podía caminar de la que caía, y como siempre según puse el pie en el país luso.
Berlín, julio de 2005, para que variar la tendencia.
Budapest - Praga, septiembre de 2006, no fueron grandes chaparrones, pero por supuesto no me prive de hacer uso del chubasquero.
Paris julio 2007, sin comentarios.
Pues tras esperar pacientemente 6 horas a que amainara el aguacero, por fin nos pusimos en marcha para dar inicio a lo que iva a ser una eshaustiva visita a la ciudad más bonita que hasta el momento he visto. No me preocupo demasiado la adversa coyuntura, tenía ante mi 8 días completos que darían mucho de si.
Al día siguiente, madrugamos y hay que reconocer que cundió la mañana, dimos un bonito paseo por las orillas del Sena, vimos la Saint Capelle, Notre Damme, la Consegerie y buena parte del barrio latino. Tras una buena musaka, tiempo había de comer la deliciosa comida francesa, decidimos ir a ver el barrio de los pintores, el molino rojo y el sagrado corazón (lo castellanizo por que seguro que si trato de ponerlo en frances, meto la pata).
Bueno, pues tras dar un agradable paseo por el barrio de los pintores, al bajar la maravillosa escalinata del sagrado corazón, mi adoradísima pareja metió un pie en una alcantarilla, la única y diminuta que allí había y se fué al suelo.
No quedó en una risotada mía, nunca lo he podido remediar, si alguien se caé, yo me parto de la risa, ya sé que es una absoluta falta de consideración y de educación, pero juro que no lo puedo remediar, es como un acto reflejo.
Todavía veo los ojitos de mi pareja, que me miraban horrorizados, por que aquello no parecía que iva a quedar en una anecdota simpatica.
Al día siguiente, decidimos acercarnos a un hospital, ya que después del terrible incidente, "mi golondrino" no podía soportar el dolor en el pie izquierdo. Habiamos esperado prudencialmente la tarde-noche del día anterior, aplicando hielo en la zona afectada, para ver si sólo se trataba de una contusión.
Tras tres horas en urgencias, mezclando nuestro macarrónico inglés, español y mímica, conseguimos hacernos entender y también entendimos, que se había roto el quinto metatarso. En una hora consegui adelantar el vuelo para el día siguiente, comprar muletas, inyecciones de eparina, cancelar el resto de la reserva que teniamos en el hotel y convertirme en una improvisada practicante, por que fue a mua a la que le toco poner las inyecciones.
Adios a las vacaciones y a nuestro viaje de recien amancebados.
Pero la pesadilla no termina aquí, llegamos al momento aeropuerto, en que despues de buscar el mostrador de información, hubo a tres metros de mi una explosión controlada, lo puedo jurar. Despues de hablar con todo dios, para que me proporcionaran una silla de ruedas para mi maltrecho y escayolado golondrino, finalmente tuve que llevarle hasta donde pude en el carro de las maletas. El vuelo estaba a punto de salir y llevabamos dos pacientes horas esperando con una sonrisa la silla de ruedas al lado del mostrador de información. Lo sé, me desaté, empece a gritar en inglés, no sé frances, iva a perder el vuelo, todo mi panegirico concluyo con una de mis más brillantes frases;
This country is a bananac republic.
Ya lo sé, no es muy buena, pero lo cierto es que en España estamos bastante más concienciados, y me hubieran puesto una silla de ruedas desde el primer momento, de hecho la tuvimos nada más aterrizar en Barajas a pie de avión.
Finalmente, el Golondrino tuvo que llegar al avión con muletas, pasando por las cintas transportadoras de esta guisa, e incluso, el arco del detector de metales lo tuvo que atravesar a la pata coja, mientras pasaban las muletas por el detector de metales, vamos, una autentica verguenza.
El resto del verano, para rematar el tomate me lo he pasado encerrada con mis suegros, ¡toma viaje de recien amancebados!, en el chalet de los mismos, para que me ayudasen a cuidar del golondrino, para que yo pudiera aprovechar algo de tiempo para escibir mi tesis doctoral.
El golondrino ya anda y ya se ha incorporado al trabajo, y yo sigo encerrada escribiendo mi tesis, recorriendo este largo túnel, espero que el final este cada vez más próximo, aún no veo la luz al final del mismo.